José Martí nos enseña que quien resiste con perseverancia acaba trinfando

TRES HEROES - José Martí

Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados.




Un hombre solo no vale nunca más que un pueblo entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que consultar a nadie más que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos hombres, y no pueden consultarse tan pronto. Ese fue el mérito de Bolívar, que no se cansó de pelear por la libertad de Venezuela, cuando parecía que Venezuela se cansaba.



lunes, 14 de marzo de 2011

Crematística, Economía, Crisis ecológica y Decrecimiento

En el capítulo IV del primer tomo de El Capital, que trata de la transformación del dinero en capital, Marx cita a Aristóteles para ilustrar la diferencia entre la circulación mercantil simple (el dinero que sirve como medio para el intercambio de mercancías según el esquema M-D-M mercancía-dinero-mercancía) y la circulación del dinero como capital (el dinero que se incrementa generando una plusvalía según el esquema D-M-D’ dinero-mercancía-más dinero, donde D’=D+ΔD). La circulación mercantil simple sirve para la satisfacción de necesidades, y tiene límite. La circulación del dinero como capital es un fin en sí misma: crecer indefinidamente.

En dicha cita (capítulos 8 y 9 de De Republica) Aristóteles contrapone economía y crematística. Economía es la obtención de los bienes necesarios para la vida o útiles para la familia o el estado, que constituyen lo que él llama “la verdadera riqueza”, limitada a lo suficiente para una buena vida. Crematística es el arte de hacer dinero, la acumulación de riqueza sin límite.

"para ella (la crematística) la circulación es la fuente de la riqueza y parece girar en torno del dinero, porque el dinero es el principio y el fin de este tipo de intercambio. De ahí que también la riqueza que la crematística trata de alcanzar sea ilimitada. Así como es ilimitado, en su afán, todo arte cuyo objetivo no es considerado como medio sino como fin último --pues siempre procura aproximarse más a ella, mientras que las artes que sólo persiguen medios para un fin no carecen de límites, porque su propio fin se los traza--, tampoco existe para dicha crematística ninguna traba que se oponga a su objetivo, pues su objetivo es el enriquecimiento absoluto. La economía es la que tiene un límite, no la crematística... La primera tiene por objeto algo que difiere del dinero mismo, la otra persigue el aumento de éste... La confusión entre ambas formas, que se sobreponen recíprocamente, induce a algunos a considerar que el objetivo último de la economía es la conservación y aumento del dinero hasta el infinito".
La teoría del valor considera que lo que aporta valor a una mercancía es el trabajo humano socialmente necesario contenido en ella. Marx no inventó la teoría del valor; la tomó de la economía política clásica inglesa. Para sus autores Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill la teoría del valor era la ley económica fundamental del capitalismo, un sistema perfecto e inmutable; Marx señaló las contradicciones inherentes a su naturaleza crematística, a su necesidad de crecer sin límite, lo que lo llevaba a sufrir inevitable y periódicamente crisis económicas cada vez peores y más profundas por tener que producir mercancías en cada vez mayor cantidad para compensar que la tasa de plusvalía sea cada vez menor, y por otra parte que los trabajadores (supuestos consumidores de esas mercancías) cada vez ganen menos.

En la época de Marx aún no se había puesto de manifiesto que los recursos naturales son limitados. Según la teoría del valor el valor de cambio de las materias primas es el trabajo humano necesario para buscarlas y extraerlas, y a lo sumo la naturaleza aporta un residuo. Así en el capítulo XXII del Capital, sobre la conversión de la plusvalía en capital:


En la industria extractiva, en las minas por ejemplo, la materia prima no forma parte integrante del capital desembolsado. Aquí, el objeto trabajado no es producto de un trabajo anterior, sino regalo de la naturaleza. Es lo que acontece con el cobre en bruto, los minerales, el carbón de hulla, la piedra, etc. En estas explotaciones, el capital constante se invierte casi exclusivamente en medios de trabajo, que pueden tolerar muy bien una cantidad de trabajo suplementario (v. gr., mediante un turno diario y otro nocturno de obreros). En igualdad de circunstancias, la masa y el valor del producto aumentan en relación directa al volumen del trabajo empleado. Los creadores primitivos del producto y, por tanto, los creadores de los elementos materiales del capital, el hombre y la naturaleza, aparecen unidos aquí como en los primeros días de la producción. Gracias a la elasticidad de la fuerza de trabajo, la esfera de la acumulación se ha dilatado sin necesidad de aumentar previamente el capital constante. En la agricultura, no cabe ampliar el área cultivada sin desembolsar nuevo capital para simiente y abonos. Pero, una vez hecho este desembolso, hasta el cultivo puramente mecánico de la tierra ejerce un efecto milagroso sobre el volumen del producto. Al aumentar la cantidad de trabajo suministrada por el mismo número de obreros, aumenta la fertilidad del suelo, sin necesidad de realizar nuevas inversiones en medios de trabajo. Aquí, aparece también como fuente inmediata de nueva acumulación la acción directa del hombre sobre la naturaleza, sin que se interponga para nada un nuevo capital.

En cambio si los recursos naturales son escasos, no nos basta sólo con el trabajo humano empleado en extraerlos. Nunca podemos emplear más recursos naturales en la extracción de recursos naturales de los que vamos a obtener, ni los podemos suplir a base de trabajo humano. La tasa de rendimiento energético (relación entre energía invertida y energía obtenida) en un yacimiento de petróleo, o en una mina de carbón o de uranio, o en una plantación de agrocombustibles, nunca puede disminuir tanto que se acerque a uno (o mejor será cerrar ese negocio).

De haber tenido entonces los datos suficientes, ciertamente que Marx hubiera señalado la crisis ecológica, los límites al crecimiento, como la contradicción máxima del capitalismo. Crisis que impide al sistema reproducirse mediante un nuevo ciclo de acumulación. Crisis que obliga a la humanidad a abandonar la crematística y a adoptar la economía (en el sentido aristotélico del término) como programa. No otra cosa es el decrecimiento.








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