José Martí nos enseña que quien resiste con perseverancia acaba trinfando

TRES HEROES - José Martí

Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados.




Un hombre solo no vale nunca más que un pueblo entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que consultar a nadie más que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos hombres, y no pueden consultarse tan pronto. Ese fue el mérito de Bolívar, que no se cansó de pelear por la libertad de Venezuela, cuando parecía que Venezuela se cansaba.



lunes, 24 de noviembre de 2014

Nuevo discurso del jefe Seattle



Nos han llegado nuevas de que mi hermano el Gran Jefe Blanco ya no es blanco pero, salvando este nimio detalle, nada más ha cambiado entre los cara pálida y nosotros. Su dios continúa sin ser nuestro dios, su ley continúa sin ser nuestra ley, su mundo se opone al nuestro, ahora como antes, como la noche se opone al día. Sólo teníamos en común el mismo destino, porque tribus siguen a tribus, y naciones siguen a naciones, como las olas del mar (es el orden de la naturaleza, y lamentarse es inútil). Pero incluso ese momento de decadencia que, aunque inexorable, parecía distante, ya lo estamos viendo llegar, como las piedras que se aceleran cuando caen rodando pendiente abajo.
Los cara pálida tienen que mover máquinas enormes para extraer riquezas en gran cantidad, cuantas más mejor, de nuestra madre la Tierra, sin contentarse como nosotros con tomar lo justo y estrictamente necesario para sustentar a la tribu. Los cara pálida viajan a la velocidad del relámpago en animales mecánicos, por la tierra o por el aire, porque tienen de todo menos tiempo. Los cara pálida necesitan traer todos los días mercancías del otro extremo del mundo. Los cara pálida tienen que iluminar sus ciudades con luces por la noche como si fuera de día. Además esas riquezas de nuestra madre la Tierra, esos viajes veloces, esas mercancías del otro extremo del mundo,  tienen que aumentar cada día y cada año más que el anterior, o a los cara pálida les parecerá que se están empobreciendo, y que ya no tienen suficiente de esos papeles de color verde con la efigie del Gran Jefe Blanco Washington que tanto gustan de atesorar.
Pero esas máquinas enormes, esos animales mecánicos, esas luces, consumen aceite negro que se saca de dentro de la Tierra. Aunque los cara pálida lo gasten como si nunca se fuera a acabar, es evidente como el sol que nos alumbra que el aceite negro no es inagotable. Hace años el aceite negro manaba de la tierra como el agua. Luego tuvieron que cavar profundos pozos. Luego tuvieron que chuparlo con máquinas cada vez más potentes. Luego tuvieron que ir a buscarlo al fondo del océano o al lejano norte donde no hay más que hielo. Ahora ya lo tienen que exprimir de la piedras, con agua y con pólvora mediante explosiones en lo más profundo de las entrañas de nuestra madre la Tierra. ¿Pueden sacar los cara pálida de nuestra madre la Tierra todo el aceite negro que quieran, o alguna vez menguará, como las fuentes y los ríos menguan cuando llega el verano? No. Ciertamente que, si cada vez cuesta más de extraer, alguna vez el aceite negro se acabará. Los cara pálida pueden imprimir todos los papeles de color verde con la efigie del Gran Jefe Blanco Washington que quieran, pero del aceite negro solo pueden sacar el que vaya quedando en la Tierra. Pueden sembrar la tierra con maíz y fabricar agua de fuego (que se puede quemar igual que el aceite negro), pero el gasto en aceite negro de las máquinas con que trabajan será mayor.
Por eso el jefe Seattle dice que el tiempo de los cara pálida está próximo a cumplirse, como una vez se cumplió el tiempo de los piel roja. Se equivoca mi hermano el Gran Jefe Blanco si cree que invadiendo a las tribus cuyos territorios sean ricos en aceite negro, aunque estén al otro extremo del mundo, evitará su fin. Sus máquinas de guerra también se alimentan con aceite negro. Sus enormes ejércitos de bravos guerreros de cuchillos largos le cuestan más riquezas que las que pueden robar. Sus papeles de color verde con la efigie del Gran Jefe Blanco Washington, con los que compran todo lo que necesitan gracias al respeto que inspira a las gentes esa imagen (reflejo del enorme poder que alguna vez tuvo), dejarán de tener valor si se siguen imprimiendo sin fin.
Y aunque pudieran extraer y quemar todo el aceite negro que quisieran, la cantidad de humo que nuestra madre la Tierra y su hermano el Firmamento soportan tiene un límite. Si los tratan como enemigos, ellos se vengarán con sequías, con tormentas, con inundaciones, hasta que los cara pálida se extingan, o sus descendientes se vean obligados a sobrevivir tomando de nuestra madre la Tierra lo justo y estrictamente necesario para sustentar a su tribu. Así aprenderán que la Tierra no pertenece al hombre, sino que es el hombre el que pertenece a la Tierra.

Que su dios ilumine a mi hermano el Gran Jefe Blanco. 


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